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De las aves de caza es
probablemente, la más sabrosa y apreciada. Además, tiene un aire exótico,
cultivado a lo largo de diferentes momentos históricos. Hasta nosotros han
llegado muchos bodegones en los que el faisán, adornado y sobre una gran
bandeja de plata, es el protagonista de los festines y mesas reales. Su
carne, musculosa y de color rosa, ya era apreciada por los griegos y los
romanos, que la trajeron a Europa procedente de Asia y lograron que se
aclimatara. Hoy es muy dificil encontrarlos en estado salvaje. Nacen y se
crian en los cotos de caza, en faisanerías, y sólo se ponen en libertad unas
semanas antes de la cacería. Su cria llega a ser muy costosa. La carne de la
hembra, que suele ser más pequeña pero también más gordita, es más sabrosa y
aromática. Si tienen plumas, macho y hembra son muy diferentes: la hembra
tiene las plumas en diferentes tonos de marrón y los machos, tiene más
colores, algunos metalizados, y la cola mucho más larga. Cuando están
desplumados se diferencian por el espolón que tiene el macho en la parte
superior de los tarsos y que cuanto más pequeño sea, tanto más joven será el
animal. Además, los espolones son redondos si el faisán tiene un año y
puntiagudos a partir de los dos años. Para que la carne de el faisán esté en
su punto, sobre todo si los faisanes son viejos, debe dejarse reposar unos
dias (de dos a tres), en un lugar seco, aireado y fresco. Si el animal es
joven se puede comer antes.
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