En la compra y conservación:
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Los mejores ejemplares son los que
tienen las hojas tersas, brillantes y de color verde uniforme.
Es preferible que las pencas sean duras y de color blanco.
Si la planta no es joven sus pencas pueden desarrollar un sabor
amargo.
En el caso de que sean congeladas es recomendable asegurarse
de que en el momento de la congelación estuvieran frescas.
Si las vamos a congelar nosotr@s mism@s lo que tenemos que hacer
es someterlas a un breve blanqueado de 2-3 minutos antes de
someterlas a congelación.
Es conveniente consumirlas en el menor tiempo posible, ya que
pierden rápido muchas de sus propiedades nutricionales.
En el frigorífico no se conservan más de cuatro
días.
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En la cocina:
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De la acelga se aprovecha la penca
tierra, ancha y carnosa, y las grandes hojas de color verde.
Cuando las acelgas son viejas es mejor no consumir ni los tallos,
ni los nervios por su sabor amargo.
La penca se puede preparar rellena o rebozada.
Su sabor es parecido al de las espinacas pero algo más
suave.
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En la salud:
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Como la mayor parte de las verduras
resulta poco energética pero constituye una fuente importante
de vitaminas y minerales.
Es una de las verduras más ricas en calcio y tiene importantes
cantidades de yodo y magnesio.
Conviene destacar la presencia de ácido fólico
t de vitaminas A, C y algunas del grupo B. Entre los minerales
encontramos el hierro, el sodio y el potasio.
Las propiedades nutritivas de esta verdura son mucho más
destacables cuando está cruda.
Sus hojas presentan cualidades laxantes y diuréticas.
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