LAS ACELGAS

Hay diferentes variedades de acelgas que se diferencian sobre todo por su color. Los griegos y romanos ya las apreciaban, y no sólo como alimento, sino también como planta medicinal.
 

En la compra y conservación:

Los mejores ejemplares son los que tienen las hojas tersas, brillantes y de color verde uniforme.
Es preferible que las pencas sean duras y de color blanco.
Si la planta no es joven sus pencas pueden desarrollar un sabor amargo.
En el caso de que sean congeladas es recomendable asegurarse de que en el momento de la congelación estuvieran frescas.
Si las vamos a congelar nosotr@s mism@s lo que tenemos que hacer es someterlas a un breve blanqueado de 2-3 minutos antes de someterlas a congelación.
Es conveniente consumirlas en el menor tiempo posible, ya que pierden rápido muchas de sus propiedades nutricionales. En el frigorífico no se conservan más de cuatro días.

En la cocina:

De la acelga se aprovecha la penca tierra, ancha y carnosa, y las grandes hojas de color verde.
Cuando las acelgas son viejas es mejor no consumir ni los tallos, ni los nervios por su sabor amargo.
La penca se puede preparar rellena o rebozada.
Su sabor es parecido al de las espinacas pero algo más suave.


En la salud:

Como la mayor parte de las verduras resulta poco energética pero constituye una fuente importante de vitaminas y minerales.
Es una de las verduras más ricas en calcio y tiene importantes cantidades de yodo y magnesio.
Conviene destacar la presencia de ácido fólico t de vitaminas A, C y algunas del grupo B. Entre los minerales encontramos el hierro, el sodio y el potasio.
Las propiedades nutritivas de esta verdura son mucho más destacables cuando está cruda.
Sus hojas presentan cualidades laxantes y diuréticas.