LA BERENGENA

Es una de las hortalizas de fruto más populares. Nativa del Asia tropical hoy se comercializa en todo el mundo. En el mercado podemos encontrar diferentes tipos de berenjena, aunque todas ellas poseen más o menos las mismas propiedades.
 

En la compra y conservación:

Normalmente las más sabrosas suelen ser las más tiernas y firmes. Con un tamaño de 5 a 8 centímetros y con una cáscara lisa y brillante.
Las más grandes suelen resultar bastante fibrosas y amargas.
Hay que descartar también aquellas arrugadas y blancas.
Es recomendable consumirla lo antes posible y tenemos que manipularla con cuidado.
Además es bastante sensible a los cambios de temperatura por lo que es conveniente tenerla en el refrigerador hasta el momento de su consumo

En la cocina:

Destaca su sabor suave y su gran versatilidad para marinar con uno u otro plato.
Muchos recomiendan salarla antes de la cocción para eliminar su contenido en jugos amargos. Los más adecuado es rebanarlas o cortarlas en daditos y luego añadirles un poco de sal. Luego se dejan reposar unos 30 minutos para que suelten los jugos. En vez de sal se puede añadir un poco de zumo de limón.
Tiene una carne harinosa que se consume cocida, frita, rebozada....
Con la berenjena también se elaboran conservas, dulces como saladas

En la salud:

Su contenido en glúcidos, proteínas y lípidos es muy bajo. Y al no tener fibra su contenido calórico es bajísimo. Habrá que tener en cuenta que cuando se fría absorbe mucho aceite.
Es un alimento muy indicado para los diabéticos.
Entre los minerales podemos encontrar potasio, magnesio, hierro, fósforo y calcio.
También es rica en vitaminas A, C y ácido fólico.
La berenjena cocida y pelada es muy digestible. Se le atribuyen propiedades diuréticas, laxantes y relajantes. Cocinada con muy poca grasa, la berenjena beneficia a personas afectadas con artritis y gota.