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En la compra y conservación:
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Normalmente las más sabrosas
suelen ser las más tiernas y firmes. Con un tamaño
de 5 a 8 centímetros y con una cáscara lisa y
brillante.
Las más grandes suelen resultar bastante fibrosas y amargas.
Hay que descartar también aquellas arrugadas y blancas.
Es recomendable consumirla lo antes posible y tenemos que manipularla
con cuidado.
Además es bastante sensible a los cambios de temperatura
por lo que es conveniente tenerla en el refrigerador hasta el
momento de su consumo
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En la cocina:
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Destaca su sabor suave y su gran
versatilidad para marinar con uno u otro plato.
Muchos recomiendan salarla antes de la cocción para eliminar
su contenido en jugos amargos. Los más adecuado es rebanarlas
o cortarlas en daditos y luego añadirles un poco de sal.
Luego se dejan reposar unos 30 minutos para que suelten los
jugos. En vez de sal se puede añadir un poco de zumo
de limón.
Tiene una carne harinosa que se consume cocida, frita, rebozada....
Con la berenjena también se elaboran conservas, dulces
como saladas
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En la salud:
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Su contenido en glúcidos,
proteínas y lípidos es muy bajo. Y al no tener
fibra su contenido calórico es bajísimo. Habrá
que tener en cuenta que cuando se fría absorbe mucho
aceite.
Es un alimento muy indicado para los diabéticos.
Entre los minerales podemos encontrar potasio, magnesio, hierro,
fósforo y calcio.
También es rica en vitaminas A, C y ácido fólico.
La berenjena cocida y pelada es muy digestible. Se le atribuyen
propiedades diuréticas, laxantes y relajantes. Cocinada
con muy poca grasa, la berenjena beneficia a personas afectadas
con artritis y gota.
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