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En la compra y conservación:
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Lo podemos encontrar entre nosotros
todo el año. Entre los meses de mayo y noviembre el kiwi
que compramos proviene de Nueva Zelanda. El resto del año,
de Chile, California, Australia....
Tenemos que elegir ejemplares intactos y sin manchas. Tenemos
que descartar los kiwis más blandos o dañados
(tendrán menos sabor).
El tamaño no influye en la calidad del fruto.
Si están protegidos contra la deshidratación los
kiwis pueden conservarse durante bastante tiempo.
Para que vayan madurando habrá que dejarlos a temperatura
ambiente.
Maduran muy lentamente y si queremos acelerar este proceso podemos
meterlos en bolsas junto a plátanos o manzanas que al
desprender etileno aceleran la maduración del kiwi.
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En la cocina:
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Se suele consumir en su mayor parte
como fruta fresca.
También puede acompañar a diferentes platos, por
lo general con fines decorativos.
Y son cada vez más utilizados en la elaboración
de mermeladas, sorbetes, granizados y productos de repostería.
En ocasiones se consume cocinado, rehogándolo en mantequilla
o a modo de salsa servido como guarnición para carne.
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En la salud:
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Contiene glúcidos, proteínas
y elevadas cantidades de algunas vitaminas y minerales.
Tiene un alto contenido en vitamina C, ácido fólico.
En proporción menor encontramos vitamina A y B1.
Además de potasio aporta calcio, magnesio, hierro y fósforo.
Destacan su efecto diurético y sus propiedades laxantes.
Al ser muy pobre en sodio, grasas y rico en potasio es recomendado
en caso de hipertensión, de enfermedad renal y patologías
cardiovasculares.
Se recomienda también su consumo en pacientes con hipercolesterolemia
debido a su alto contenido en fibra.
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Sabias que...
Cuando esta fruta se introdujo en Nueva Zelanda, fue tal su
aceptación que llegó a convertirse en uno de los
alimentos más apreciados del país. Por ello, en
1959 se le asigno a la fruta con el nombre de kiwi, debido a
su semejanza con el cuerpo del ave no voladora llamada sí,
y que figura en el emblema nacional.
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