LA SANDIA

Esta fruta originaria de África tropical tiene más de cincuenta variedades repartidas a lo largo y ancho del globo terrestre. En la actualidad, gracias a los avances tecnológicos podemos incluso encontrar sandías sin pepitas.
 

En la compra y conservación:

La podemos encontrar en el mercado desde finales de primavera y a lo largo del verano.
En su punto óptimo de madurez la pulpa es de un clor rojo intenso y si se golpea emite un sonido hueco.
Si solo se puede observar la sandía entera tenemos que fijarnos en su inferior:

Si es de un color amarillo pálido indicará que estará madura y sabrosa.
Si por el contrario este color amarillo es verdoso o blanco la sandía habrá sido cortada antes de tiempo y será insípida.

Un tallo arrugado también es indicativo de su maduración y buen estado para el consumo.
Se debe de tener en casa a temperatura ambiente si está entera y si está empezada la guardaremos en el frigorífico bien envuelta para que no pierda el agua y las propiedades.


En la cocina:

En la mayoría de las ocasiones se consume en crudo, resultando más refrescante si se sirve fría.
También se emplea en la elaboración de sorbetes, purés, mermeladas y sandía confitada.

En la salud:

Es una fruta muy refrescante debido a su alto contenido en agua.
Es baja en sodio por lo que es recomendable en enfermos renales y cardiacos.
Por su parte, es muy rica en los demás minerales y se considera un importante alimento mineralizante y alcalinizante. Sobre todo destaca el potasio.
Su contenido en Vitamina A también es muy elevado