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GASTRONOMÍA ANÁLISIS
Mandan los huevos
De uso habitual en las cocinas de todo el mundo por su precio moderado,
rápida elaboración y paladar fácil, el huevo es un alimento completo que
aporta proteínas de alta calidad y bajos niveles calóricos. España es el
cuarto productor en la Unión Europea de esta ovalada bomba alimenticia: la
producción asciende anualmente a 12.000 millones de huevos de gallina y
genera sólo en nuestro país 10.000 puestos de trabajo y un volumen de
negocio superior a los 800 millones de euros anuales.
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| Emú: Esta gran ave corredora es
originaria de las grandes planicies australianas. Antiguamente sólo
tomaban sus huevos los aborígenes, pero debido a su fácil
domesticación su consumo es normal entre los australianos. |
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| Oca: Antes de que se iniciara la
cría de la gallina el huevo de oca era el más popular. Es ideal para
los faltos de hierro, porque aporta 330 mg de este mineral. Se
utilizan también como pieza decorativa; de hecho los huevos de
Fabergé están inspirados en ellos. |
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| Gallina: Debido a la
proliferación del pollo es el huevo más fácil de encontrar. El color
de su cáscara y yema no tiene nada que ver con su calidad, esto solo
depende de la raza de la gallina. En invierno es más fácil freirlo
porque sus claras están más cerradas. |
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| Pavo: Es originario de Estados
Unidos, aunque su consumo no está muy extendido entre los
norteamericanos. Se utilizan fundamentalmente para la cría en
cautividad. |
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| Pintada: Es una gallina negra que
procede del norte de África. Su color oscuro hace que produzca los
llamados huevos morenos, pero su sabor es igual que el de la gallina
común. |
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| Faisán: Es muy escaso. Se
utilizaba a principios del siglo XIX en los banquetes reales, donde
se degustaba como un exquisito manjar. |
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| Paloma: Sólo se pueden tomar los
de las criadas en granja, su consumo en estado salvaje está
prohibido, ya que pueden transmitir muchas enfermedades |
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| Codorniz: Es el más pequeño de
todos. Antiguamente eran tan raros que sólo podían acceder a ellos
los nobles y los reyes. Su consumo en España está muy extendido y se
usan para hacer canapés o en ensaladas. |
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Si existiera la paleogastronomía debería
dedicarle un capítulo completo al huevo, una de las primeras fuentes de
proteína animal que el ser humano se llevó a la boca. Y no sólo para
alimentar el cuerpo. En el plano metafísico, esta ovalada bomba nutritiva ha
sido considerada por celtas, griegos y egipcios, entre otros, como el germen
de la cosmogonía universal y la renovación permanente de la vida.
Se sabe que el hombre pasó de la recolección silvestre de huevos a la
domesticación de gallinas hace unos 8.000 años, cuando diferentes tribus
nómadas de China y La India pusieron en marcha los primeros corrales que les
aseguraban una producción anual de 30 huevos por ave y año. Mucho ha llovido
desde aquella rudimentaria avicultura, y hoy, gracias a la selección
genética, la luz artificial y una alimentación compensada, una sola gallina
es capaz de ovular 300 veces al año.
Un mercado boyante. La industrialización avícola le debe mucho al
invento de Edison. Antes de la luz eléctrica las gallinas se guiaban por el
ciclo solar y sólo ponían huevos de primavera a verano, pero gracias al
engaño de las bombillas pueden estar activas durante todo el año. Quizás
estas aves no sean muy listas, pero a numerosas y trabajadoras no las gana
nadie. Los datos que maneja el Instituto de Estudios del Huevo señalan que
en nuestro país hay cerca de 45 millones de gallinas ponedoras que bajo el
simulado cielo eléctrico producen cerca de i2.000 millones de huevos al año,
lo que nos coloca en el cuarto escalón del ranking de la Unión Europea por
detrás de Francia, Alemania e Italia, países que, paradójicamente, son
clientes de nuestra boyante industria avícola.
“Soplan buenos tiempos para las explotaciones españolas”, reconoce Amparo
Lobato, del departamento de comunicación del Instituto de Estudios del
Huevo. “En los dos últimos años –puntualiza– hemos batido récords de
producción, con un incremento cercano al 30%, debido, fundamentalmente, a la
demanda intracomunitaria“. Durante 2002 las exportaciones crecieron en un
64% y la tendencia sigue al alza. El motivo es muy simple: mientras que al
otro lado de los Pirineos se buscan fórmulas industriales más ecológicas, en
España no existe una presión ciudadana que defienda el bienestar de los
animales y, por tanto, el producto se abarata y favorece su competitividad
en el extranjero.
Sea como sea, la importancia de la avicultura intensiva en España se traduce
por la cantidad de ceros que arrojan sus cifras: el negocio factura,
anualmente, 800 millones de euros y genera unos 10.000 empleos directos. El
mapa de producción de huevos está muy salpicado por toda la geografía
española, aunque es especialmente importante en las dos Castillas, de cuyas
granjas sale el 40% de la producción que luego nos encontramos en el
mercado. Además, como apunta Amparo Lobato, “se trata de un sector muy
atomizado, de pequeñas y medianas empresas, que constituye una excepción en
el panorama agroalimentario, ya que, mayoritariamente, está en manos de
capital nacional”.
El mito del colesterol. Las estadísticas señalan que el huevo es
plato cotidiano para navarros (con un consumo de 234 unidades por persona y
año), riojanos (225) y asturianos (217); mientras que la materia prima se
reduce considerablemente en los menús de Canarias (107), Murcia (122) y
Comunidad Valenciana (i40). En cualquier caso, la media nacional ronda las
2i2 unidades per cápita, lo que nos sitúa a la cabeza del consumo en Europa.
La cifra es relevante, pero queda lejos de los 300 huevos que los españoles
nos llevábamos a la boca a mediados de la década de los años 80.
Detrás del brusco descenso se adivina un culpable: el colesterol. Según
Francisco Tortuero, investigador del CSIC y experto en nutrición, la campaña
que asociaba el consumo de huevos con los problemas coronarios ha sido
fundamentada sobre pocos elementos de juicio. Así lo explica: “Nos hemos
quedado con los grandes titulares de la prensa estadounidense que acusaban
al huevo de tener altos grados de colesterol. Y es cierto, pero lo que no
decían las noticias es que el huevo también posee gran cantidad de
fosfatidicolina, una sustancia que neutraliza la absorción del colesterol. A
día de hoy, la conclusión de los informes científicos es que el huevo, por
sí mismo, no es el responsable del nivel de colesterol en sangre, y que este
depende, entre otros factores, de la predisposición genética, el tipo de
vida, y de la totalidad de grasas saturadas incluidas en la dieta”.
Saludable y sabroso. Ya sea líquido, congelado, envasado en Tetra
Brick o en su formato tradicional, el huevo juega un papel protagonista en
el capítulo dietético: es relativamente bajo en grasas y aporta altos
contenidos de proteínas, minerales y vitaminas, que lo hacen particularmente
indicado para las etapas de crecimiento, vejez, y en mujeres embarazadas o
en período de lactancia. “Además –apunta Francisco Tortuero– es un alimento
rico en inmunoglobinas, que mejoran la respuesta inmunitaria del organismo,
y posee un alto poder antioxidante que se ha probado efectivo para combatir
las enfermedades degenerativas de la vista”. Según este especialista,
“dentro del contexto de una alimentación saludable, se deberían consumir
entre cuatro y siete unidades por semana”.
Recetas para cocinarlos no faltan. Fritos, rellenos, escalfados, cocidos, en
tortilla..., el huevo es un todoterreno gastronómico capaz de funcionar como
solista o como secundario de lujo, tanto en primeros como segundos platos.
Este suma y sigue se completa con una larga nómina de cualidades accesorias
–coagulantes, espumantes, aromáticas, colorantes, anticristalizantes o
emulsionantes–, que lo convierten en materia prima imprescindible para
rebozados, repostería...
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