|
|

La Angula
La Angula, es la cría (alevín) de un pez alargado, de forma similar a una serpiente, que se conoce como anguila. Hay unas 600 especies diferentes, incluyendo el congrio y la morena, agrupadas en unas 20 familias. Viven en aguas costeras poco profundas de todo el mundo. La mayoría de las anguilas carecen de escamas y están protegidas por una capa mucosa escurridiza. Sus aletas dorsal y anal que comienzan en las inmediaciones de la cabeza y llegan hasta la aleta caudal, a menudo inexistente, son las que suministran buena parte del empuje necesario a estas ágiles nadadoras. La mayor parte de las especies miden menos de 1 m de largo, aunque hay un congrios que alcanzan los 3 m y vive a profundidades de hasta 250 m. Las anguilas de agua dulce regresan al mar para desovar. Estas anguilas, las más importantes como alimento, a menudo se venden vivas en los mercados.
|
Durante todo el invierno, estamos en plena temporada para la pesca de la angula. Es en estas noches frías de los meses más inclementes, cuando este diminuto pececillo arriba a nuestras costas y decide remontar los ríos. |
|
|
|
|
|
La angula es universalmente conocida como un suculento manjar, pero también es el mejor cebo que se pude ofrecer “en vivo” a la lubina. Por tanto, quien disponga de esta carnada, casi casi, se asegura la captura del bello serránido. En este artículo veremos cómo se pescan las angulas, aunque, dado que este pez es cada vez más escaso y nos barruntamos incluso que se está extinguiendo en nuestras costas, recomendamos capturarlo únicamente como carnada. |
|
|
|
Sin la ayuda de la cazuela, estos pececillos son casi transparentes y, observándolos de cerca, veremos sus ojos, sus diminutas vísceras o su espina dorsal. Enseguida nos damos cuenta de que comprarlas “frescas” no es tarea fácil. De hecho, muy poca gente, más allá de los anguleros, las ha visto frescas, pues, incluso antes de ser comercializadas, se cuecen o se congelan, o las dos cosas. Sólo en algunos –poquísimos- establecimientos comerciales dedicados a la pesca, hallaremos este cebo vivo. La otra posibilidad es acercarse a una piscifactoría que se dedique al engorde de este pez. Y decimos engorde porque, en el caso de la anguila, conseguir reproducir su ciclo completo en cautividad es, hoy por hoy, una quimera, habida cuenta que este pez sólo freza en el Mar de los Sargazos, y atraviesa varias metamorfosis pelágicas hasta convertirse en angula. |
|
Opción B. Hemos decidido capturar angulas pensando en que, además de conseguir una excelente carnada, podemos darnos una alegría para el cuerpo, aderezada con ajos y guindillas en cazuela de barro.
|
|
|
¿Y entonces, por qué no está todo el mundo pescando angulas todo el día y por qué cuestan tan caras? Muy sencillo: porque hay pocas, poquísimas, cada vez menos; y, además, sólo se pueden pescar de noche, y cuando la marea está subiendo; y no en todos los ríos ni en todos sus tramos, y ha de ser durante el invierno; y sobre todo, porque pescar angulas es muy cansado y muy aburrido, vamos, un plastazo –por no decir otra cosa-. Pues sólo resta coger el cedazo, el farol y un recipiente adecuado, y leer la segunda parte de este artículo en la que se explica cómo capturarlas. |
|
|
Nuestros abuelos todavía compartían la idea generalizada de que las anguilas nacían del barro ribereño y la angula era el primer y único paso previo a su estado adulto. |
|
|
|
|
|
Sin embargo, se demostró esta falsedad cuando, a mediados de siglo, se relacionó a las angulas directamente con el leptocéfalo, que el biólogo danés Schmidt había descubierto años atrás y de manera fortuita, a la altura de las Faröes. Esta larva leptocéfala, de perfil plano y que había sido clasificada como una especie distinta, resultó ser el paso anterior a la angula en el ciclo biológico de la anguila. Las larvas, algo así como unas hojitas aplastadas y trasparentes, son transportadas por las corrientes oceánicas desde el Mar de los Sargazos, situado entre las Bermudas y las Bahamas –donde eclosionan los huevos-, hasta las costas Europeas y Americanas (en función de qué especie de anguila se trate). Cuando las larvas leptocéfalas se hallan en aguas litorales, sufren la transformación definitiva, que las dotará de las hechuras serpentiformes que les permitirán remontar el río. En este estado (antes de la cazuelita, el ajo y la guindilla) es en el que nos las encontraremos, todavía trasparentes, pero ya convertidas en graciosos gusanillos nadadores. A medida que se acomodan al agua dulce, pierden peso, grasa, y una línea oscura se apodera progresivamente de su lomo. Esta nueva pigmentación que las convertirá definitivamente en anguilas, es la causante de denominaciones tales como “angulas de lomo negro”, que, como dijimos, pesan menos que las de que son enteramente trasparentes, o blancas tras la cocción. Algunos sibaritas, sin ponerse de acuerdo en qué etapa (con o sin pigmentación) resultan más exquisitas, discrepan sobre el particular. En todo caso, a la lubina le da igual, y ataca a unas y otras con idéntica ferocidad, incluso cuando alcanzan la delgadez máxima, tras volverse totalmente oscuras sin que todavía hayan comenzado a desarrollarse como anguilas. Así era como las encontraba en los veranos de mi infancia, negras y muy delgaditas; me aplicaba persiguiéndolas en la desembocadura del río y los en los charcos de la bajamar: finas como alambres, con la pequeña protuberancia de la cabecita sobresaliente. No era fácil atraparlas, no se vayan a creer. Las muy puñeteras se escurrían a través de la menor rendija que puedan imaginarse y, aunque eran muy abundantes, hacerse con media docena -contando sólo con las manos desnudas, las más de las veces- suponía toda una hazaña. Sin duda, pertenecían al último retén de las angulas que habían recabado en el río durante el invierno y que, a estas alturas de temporada y por influencia del agua dulce, se habían provisto ya de su característica pigmentación de ejemplares adultos.
|
|
|
Para capturar angulas y pequeñas anguilitas existe un arte de pesca específico, se llama cedazo. Puede ser de formas diversas, adaptado a su uso desde embarcación o desde tierra, pero aquí sólo nos referiremos a los de tierra y más artesanales. Nunca he encontrado una tienda donde los vendan, así que lo mejor es fabricárselo uno mismo. No es difícil. Para ello debemos agenciarnos una tela metálica –a poder ser inoxidable- de las dimensiones adecuadas (esto suele rondar 1 m²). Después, una vez elegida la forma que nos place, -lo más normal es hacerlos cuadrados o circulares- la cosemos al marco (también metálico) con un fino alambre. Ahora tenemos una especie de criba, como la de los buscadores de pepitas de oro, pero, para que resulte operativo nuestro artilugio, debemos, por último, acoplarle un mango, -de entre metro y medio a dos metros- a fin de poder manejarlo cómodamente y sumergirlo a voluntad. |
|
|
Ya contamos con la herramienta adecuada. Vamos a por las angulas. Sabemos que remontan los ríos durante el invierno. Cuanto mayor sea éste, más angulas se sentirán atraídas, pero incluso las más exiguas corrientes de agua dulce son visitadas periódicamente. De esta forma, un débil riachuelo también puede resultar excelente en ocasiones. Sólo cuando cae la noche y la marea está subiendo, se deciden a remontarlo, por lo que intentar pescarlas de día o con la marea bajando resultará inútil. |
|
Una vez que se den estas condiciones, nos situamos en una de las márgenes, e introducimos el cedazo. Como si fuera un cucharón, rebañaremos la orilla en dirección a la desembocadura –para cortar el paso a las angulas que suben desde la mar- y sacamos el arte del agua. Al trasluz, comprobaremos si algún ejemplar serpentea sobre nuestra malla metálica, en cuyo caso, lo dejamos caer sobre un receptáculo que llevamos preparado. Para verlas, es aconsejable acompañarse de un candil o un farolillo y, sobre la boca de nuestro receptáculo, colocaremos una redecilla de paño que permita colarse a las angulas, pero no a los restos de broza y suciedades varias que también atrapa el cedazo. En verano, las angulas no remontan el río, pero quedan algunas diminutas anguilitas en las inmediaciones de la desembocadura y en los canales costeros. Para atraparlas, batiremos las orillas y la vegetación del fondo con el cedazo hasta que demos con ellas. En este quehacer, también capturaremos algún cangrejillo, quisquillas o pequeños peces, todo ello magnífico cebo para tentar a las lubinas.
Las angulas se conservan vivas durante meses, con sólo mantenerlas en un recipiente adecuado –casi todos con más de ½ m² de fondo lo son- y agua suficiente. Si no queremos alimentarlas, tampoco pasa nada, pues subsistirán gracias a sus reservas de grasa. Si nuestra intención es cocinarlas, antes debemos matarlas (lo que no es tan fácil como pudiera suponerse), pues, en caso contrario, saltarán al contacto con la cazuela y se dispersarán por el suelo de la cocina. Lo tradicional es matarlas con nicotina, veneno al que son muy sensibles, aunque también podemos hacerlo introduciéndolas -hasta llenarlo- en un bote hermético, y luego cerrarlo, con lo que morirán asfixiadas en pocos minutos.
|
|

Tienen densos sistemas capilares
cerca de la piel, capaces de absorber oxígeno directamente del agua o el aire.
Al salir del huevo, las futuras anguilas reciben el nombre de leptocéfalos. Se
trata de unas larvas transparentes, muy delgadas y similares a hojas que
recuerdan muy poco a los adultos. Derivan por la superficie del océano hasta un
máximo de tres años, alimentándose de plancton, y después sufren una
metamorfosis y se transforman en jóvenes anguilas de cuerpo redondeado llamadas
angulas, que se alimentan de peces, cangrejos y otros invertebrados hasta que
alcanzan el tamaño adulto.
La migración y reproducción de las anguilas de agua dulce fue un misterio hasta
el siglo XX, cuando se descubrió su territorio de desove en el Mar de los
Sargazos, entre las Bermudas y Puerto Rico. Cuando la anguila europea y la
americana, muy similares entre sí, alcanzan la madurez en lagos y corrientes de
agua dulce, siguen el curso de los ríos y arroyos, deslizándose en ocasiones
sobre la hierba mojada, hasta llegar al océano, donde nadan o se dejan arrastrar
por las corrientes a lo largo de un año hasta llegar al mar de los Sargazos.
Allí desovan en aguas profundas y, antes de morir, la hembra produce hasta 20
millones de huevos de flotación libre. Los leptocéfalos son arrastrados por la
corriente del Golfo y tardan un año en llegar a Norteamérica y tres en llegar a
Europa. Cuando lo consiguen, se han convertido ya en angulas, y se agolpan en
grandes masas en la desembocadura de los ríos. Las angulas nadan río arriba y se
alimentan de animales de los fondos de los ríos y los lagos hasta que se
convierten en adultos de cuerpo de color negro verdoso y plateado, completando
el ciclo.
La anguila está considerada como una especie amenazada en la península Ibérica,
debido a la pérdida de su hábitat por la construcción de presas en los ríos y a
la falta de una regulación adecuada de su pesca.