
Quesos austriacos
No vamos a repetir las descripciones
de quesos como el Butterkäse, Edelpilzkäse, Geheimrastskäse, Romadur, etcétera,
porque en realidad son iguales los que se fabrican en Alemania y los austriacos,
con las variaciones lógicas que conlleva cada marca, claro. Así pues, solo
veremos dos variedades que sí presentan ciertos matices de interés, el Berkässe
y el Emmental austriaco.
Pero hay algo muy importante y que, aunque no sea posible encontrarlos en
España, conviene saber, por si alguna vez tenemos la suerte de visitar ese
maravilloso país. Son sus quesos de montaña, o Alp, piezas artesanas, elaboradas
a mano con técnicas medievales, por los pastores que suben en verano sus rebaños
a los pastos alpinos.
Son quesos deliciosos, con aromas naturales a leche entera, ya que ésta no se
pasteuriza y se corta con cuajos naturales.
Evidentemente, son quesos muy buscados y que por tanto solo se pueden encontrar
in situ en los meses de otoño y, por supuesto, a precios de verdadero vértigo. O
sea, lo que se debería hacer aquí con los Beyos, Cabrales, Gamoneu, etcétera.

Bergkäse
El viernes pasado ya hablamos de los
quesos artesanos de montaña, los llamados Alp. Bueno, pues esta otra
denominación, Bergkäse, también es una forma genérica de llamar una numerosa
gama de variedades: Battelmat, Gruyere, Fontina, Montasio, Walliser, etcétera,
cuyo denominador común es también su procedencia montañesa, lo cual, teniendo en
cuenta la orografía austriaca, viene a ser como una redundancia.
Así pues, y aunque en la foto vean grabado el nombre Bergkäse, eso viene a ser
como si aquí pusieramos «queso azul», ya que entre un Montasio bien curado que
es picante e intenso, y un Walliser, que se usa para hacer raclettes, hay mas
diferencia que entre un Cabrales y un Bigotes.
¿Y esos nombres de corte Italiano?
Pues no solo son de corte italiano, sino que tanto el Fontino como el Montasio
son denominaciones de origen italianas, pero como en esos valles alpinos no se
sabe demasiado bien si las vacas están pastando en Suiza, Austria o Italia, pues
comparten nombres, quesos, mercados y lo que haga falta. Si los Picos de Europa
estuviesen en Austria, otro gallo cantaría.

Enmental
Reseñamos este queso no porque tenga
una personalidad realmente acusada, sino porque cada Emmental tiene un control
de calidad tan rígido, que no se puede generalizar y, así, del mismo modo que
cuando estudiemos sus hermanos franceses y suizos, los Emmental austriacos
tienen sus enamorados y detractores.
Como norma general podemos decir que estos quesos tienen un marcado aroma y
sabor a nueces, con sabores dulces cuando son jóvenes, que poco a poco viran
hacia el picante en los más curados.
Exteriormente, el grado de curación se detecta por la forma plana del queso (los
jóvenes estan más abombados) y por la redondez de los agujeros (los jóvenes
tienen estos más alargados verticalmente).
Pero quizá lo más importante sea elegir siempre quesos de leche cruda (no
pasteurizada), que se reconocen por un sello rojo en la corteza, y porque tienen
que tener forma redonda. Los bloques rectangulares (como el de la foto) son los
industriales.

Bou de Fagne
Ya saben que el orden de salida de
los quesos es simplemente ortográfico, pero esta vez coincide el primero con ser
quizás el queso más representativo del país en estudio.
Bélgica es un plaza tan quesera como Francia, Holanda o Suiza, lo que sucede es
que su producción es mucho menor, y de hecho no se exportan apenas sus
variedades, salvo a París donde se cotizan bastante.
Este Bou de Fagne es un queso que podríamos acercar a la familia de los
Cammembert, aunque la morga (capa externa de fermentos) es de color anaranjado
en vez de blanco y, sobre todo, su fragancia es mucho más intensa.
Dicho de otro modo, uno de estos quesos puede provocar el desalojo de toda una
casa.
Y estos son los quesos que gustan en Bélgica, blandos, pero potentes como la
nitroglicerina, hasta el punto de que traer un queso en el coche desde aquel
país, puede llegar a resultar un heroísmo, o incluso hacer desistir a mitad de
camino, al más forofo aficionado.
Pero merece la pena probarlos, y acostumbrar la nariz para soportar el hedor,
para disfrutar de su paladar.

Folies de Béguines
Junto al Passendale (que
estudiaremos la semana que viene) el Folies de Béguines es el queso más
exportado de Bélgica, y probablemente sea por el mismo motivo: su excelente
conservación.
Es un queso muy sabroso, aunque no por ello fuerte, salvo que se haya excedido
de curación, momento en que, sin pasarse, es cuando desarrolla sus aromas más
interesantes.
Se reconoce fácilmente en cualquier lineal por su forma de hogaza con borde
irregulares, con una corteza anaranjada, que presenta una ligera morga irregular
que aumenta según el queso va curándose.
Es un queso de pasta blanda, no cocida, con numerosos ojos muy pequeños y
regularmente distribuidos, sobre todo por el interior.
Su sabor es fresco, pero penetrante, y si hubiera que meterlo dentro de alguna
familia, podríamos decir que está entre los Mimolette, o sea, como un Gouda
artesano de pronunciada curación. Mala definición, pero da pistas.
Debido a la flexibilidad de su pasta, permite incluso ser cortado a máquina, por
lo que se puede usar para hacer deliciosos canapés o bocadillos.
No funde bien y, además, el calor distorsiona su sabor.

Passendale
El Passendale debe de ser el queso
belga más conocido fuera de sus fronteras. Al menos en España así es sin duda
alguna, y no es porque sea el mejor, ni el más interesante, sino por su
excelente conservación, digo yo, ya que mantenido en frío se conserva
inalterable durante varios meses, y aun sometido a envejecimiento su curación es
lenta y mantiene sabores muy asequibles a paladares poco amigos de los quesos
fuertes.
Lo que no quiere decir que sea insípido, ni mucho menos.
Es un queso de leche de vaca, como la mayoría de los belgas, de pasta no cocida,
aunque generalmente elaborado con leche pasteurizada (no tiene nada que ver lo
uno con lo otro).
Suele moldearse como el de la foto, es decir con forma de coca cuadrangular de
ángulos redondos, y con un peso que oscila entre los seis y siete kilos.
La pasta es elástica, con abundante ojos y algunas hendiduras dispersas.
La corteza es amarilla, algo anaranjada, con una ligera morga que indica el
grado de curación (a más morga, el queso estará más hecho y, por tanto, más
picante)
Funde bien, pero distorsiona su sabor, por lo que conviene comerlo en crudo, o
rallado en ensaladas.

Trou de Sottai
Terminamos ya hoy con los quesos
belgas, pero creo oportuno advertir que no hemos descrito ni una pequeña parte
de las variedades que produce este país, pero es que al ser casi endogámica su
producción (ellos se los guisan y ellos se los comen, y salvo algunas
fromageries parisinas muy especializadas, los buenos productos no se exportan)
pues no me pareció muy oportuno seguir describiendo productos que casi nadie
tendrá ocasión de degustar.
El Trou de Sottai es otro de sus clásicos, un queso de pasta blanda y mantecosa,
elaborado con leche de vaca y curado, pero menos fragante que sus hermanos Bou
de Fagne y, sobre todo, que el Prince Jean.
No obstante, está también en esa línea, de quesos fermentados con perfumes muy
fuertes, y que, a pesar de las notables diferencias, por situarlo dentro de
alguna familia, aromáticamente habría que meterlo entre los Cammembert de leche
cruda muy hechos.
Sin embargo la textura es completamente distinta, algo más parecida al Bouquet
des Moines, por seguir comparandolo con sus hermanos ya anteriormente
estudiados.
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