

Quesos alemanes


Alpsbergkäse
Iniciamos este recorrido por los
quesos de Europa por razones de orden alfábético de aquellos países que cuentan
con especialidades queseras de renombre mundial, y es que este país es uno de
los más grandes productores y consumidores del mundo.
El queso que estudiamos hoy no es el más famoso del país, aunque sí uno de los
más exportados y bien aceptados por casi todos los paladares.
Es un queso cremoso, elaborado con leche de vaca entera, sabroso y con perfumes
lácteos, pero nada picante, sino al contrario, muy delicado.
De pasta cocida, con abundantes ojos bastante grandes, y una media curación hace
que ofrezca una corteza compacta.
Como su propio nombre indica, es un queso de la región alpina, y aunque se
elabora en varios puntos, su origen es netamente bávaro, por lo que suele
tomarse con cerveza negra, que aunque le va muy bien, lo mejor es acompañarlo
con vino tinto, en la línea de los Cabernet Sauvignon de media crianza, tan de
moda hoy día en la enología española.

Bergkäse
En realidad no se trata de una
variedad en sí, sino más bien de toda una familia de quesos alpinos del tipo
Gruyere, véase: Battelmatt, Fontina, Gruyere, Montasio, Walliser, etcétera.
Son quesos de pasta prensada que según sea la variedad ofrecen características
propias que ya iremos describiendo en cada uno de ellos.
Dicho así puede parecer una tontería hablar de los Bergkäse, pero es que con
este nombre se comercializan muchas toneladas al año, y si bien entre un
Battelmat y un Walliser hay casi un 50% mas de grasa en el segundo que en el
primero, y morfológicamente no se parecen en nada porque el Battelmat llega a
pesar sus buenos 35 kilos, mientras que el otro, destinado a principalmente a
las raclettes anda por los seis, los sabores sin embargo son similares y las
aplicaciones también.
Como pueden ver en la foto la corteza lleva impreso el nombre Bergkäse, y es
relativamente fácil encontrarlo en los mercados especializados.
Está bueno con mostaza, pero como realmente da todos sus sabores, es fundido,
bien en fondue, o mejor aún sobre patata asada y con embutidos y variantes en
vinagre, otro plato típico alpino: la raclette).

Bergader
Este es uno de los quesos más
famosos de Alemania ya que junto al Edelpilzkäse viene a suponer la única oferta
de quesos azules de este país.
Contrariamente a lo que podemos pensar en función de la invasión de quesos
azules que nos llegan de Europa, este tipo de producto gusta más en las areas
mediterraneas, sobre todo en Francia con sus bleus d'Auvergne, Fourme d'Ambert y
el rey, Roquefort; Italia con su Gorgonzola, y claro está, España, con la gran
variedad que se elabora en torno a los Picos de Europa.
Este es un queso crudo, elaborado con leche de vaca, muy cremoso, y que de no
ser por el desarrollo de mohos en su interior que le aportan ese peculiar sabor
del penicillium, bien podría considerarse como un queso graso casi fresco.
Es muy agradable en boca, ya que no pica tanto como los quesos azules a que
solemos estar acostumbrados en Asturias y, sin embargo, tiene un intenso perfume
que invade la boca a cada bocado.
Sabe muy bien acompañado de mermelada de naranja amarga, y vinos dulces, tipo
moscatel o Pedro Ximénez.
Butterkäse
A pesar de que el nombre nos
induciría a pensar que es un queso muy graso (queso de mantequilla sería la
traducción), lo cierto es que no suele alcanzar el 20% de grasa, entre 16% y 18%
es lo más frecuente.
Se elabora con leche de vaca pasteurizada y su pasta es elástica y compacta, sin
apenas ojos, con prensas en forma tronco (la de la foto) o cilíndrica, en tamaño
pequeño.
Si le buscamos un hermanamiento con quesos españoles, bien podría semejarse a
los quesos gallegos del país, o de tetilla, aunque sin ese punto de acidez que
distingue a nuestros vecinos.
Respecto a Asturias está en la línea de los de Peñamellera o Vidiago (por
supuesto me refiero a los sin ahumar, o sea nada que ver con Pría), aunque algo
más insípido.
Se elabora tanto en Alemania como en Austria, y hasta en Italia, pero allí se
conoce con el nombre de Itálico.

Doopelrhamstufe
Este es uno de los muchos quesos de
coagulación ácida que se elaboran en centroeuropa, probablemente influenciados
por la gran fama de los bries franceses.
Hay diferencias, y realmente se parece mucho más a un Chamois d'Or que a un
Cammembert, ya que no llega a producirse esa refermentación, que en algunos
casos llega a la proteolisis de la caseína. Es decir, a lo que en su día
estudiamos como efecto «torta», que se daba en algunos quesos españoles como el
de las garmillas o el del Casar.
Se hace con leche de vaca, pero ésta se enriquece con nata, por lo que su
contenido graso es altísimo y, así, aunque externamente se parezca bastante al
Brie, al tener más del doble de grasa que éste, los sabores son menos
evolucionados, y más mantecosos.
A pesar de venir tipificado como pasta no cocida (elaboración por debajo de los
40º de temperatura), se hacen con leche pasteurizada (este factor es
independiente de la normativa de las pastas), y quizás por eso resultan algo
insípidos.

Echtermainzerkäse
Por su color y textura, los
asturianos asociaríamos este queso rápidamente con el afuega'l pitu rojo, porque
su tono anaranjado es prácticamente el mismo, quizás un poco más intenso, pero
luego ya en boca no se parece en nada.
Se elabora con leche desnatada de vaca y es muy importante saber su grado de
maduración, ya que sus sabores evolucionan muy rápidamente desde un dulce suave
y cremoso cuando está tierno, a un sabor picante cuando apenas han pasado
algunas semanas y su aspecto se mantiene casi inalterado.
Es interesante en las tablas, no solo porque su color aviva la presencia del
conjunto, sino porque sus rasgos organolépticos son bastante diferentes, sobre
todo entre los quesos europeos que nos llegan a España, que suelen casi todos
iguales debido a la pasteurización.
Edelpilzkäse
que era de pasta blanda, blanca, y
fresca, el Edelpilzkäse es un queso mucho más hecho.
Su pasta es algo quebradiza y tiene numerosas grietas.
Los sabores son algo enranciados, más en la línea de los quesos azules
españoles, aunque sin llegar a la calidad de los de nuestros Picos de Europa.
La inoculación de penicilium se hace siempre de forma artificial, lo que se
aprecia claramente en la foto por las marcas que deja la aguja de la
jeringuilla, aunque ya he dicho que hablo siempre de quesos comerciales porque
desconozco si en el terruño hay artesanos que los hagan de forma natural, pero
no tengo datos de que en esa región haya cuevas tipo Cabrales o Roquefort.
En Alemania, quizás por la ausencia de tintos, se toma con blancos dulces como
el que citamos hoy en la columna del vino en la mesa, pero lo ortodoxo sería con
un tinto seriom de Toro, por ejemplo, y con un Pedro Ximénez, es lo ideal.

Emmental Bávaro
Se trata de una variante más del
emmental suizo que, como ustedes saben, es el queso con mayor control de calidad
del mundo, pero también el más copiado, y hasta con competidores que, como los
franceses, se consideran superiores al original y le dan consideración de Gran
Cru (no es broma).
Los alemanes son menos pretenciosos, y sus emmentales no intentan ganar
medallas, pero son muy agradables y hasta con cierta personalidad, ya que el
sabor a nueces del suizo aquí se convierte en avellanas.
Son notablemente menos espectaculares ya que no rebasan los 30 kilos, mientras
que los suizos a veces triplican este peso, pero así se pueden consumir mucho
más frescos, con tres meses de curación, y aunque no tengan la profundidad de
los 'grandes reservas', tanto el bávaro, como el Allgauer, son productos muy
agradables por sus aromas primarios, y muy versátiles en su consumo.
Y con precios más asequibles ya que van destinados todos al gran mercado,
mientras que suizos y franceses establecen categorías y distinciones que, además
de encarecerlos, hacen que los mejores de cada casa no lleguen hasta nuestros
mercados.
Geheimratskäse
He aquí otro queso típico alemán, y
cuando digo típico no me refiero a que tenga una acusada personalidad, sino todo
lo contrario, lo que al ser tan frecuente en los quesos de este país, pues ya se
hace familiar.
Este es un tipo Gouda, lo que, con el permiso de los holandeses, no quiere decir
nada, porque a base de estirar la manga con sus bolas industriales, hoy ya
cualquier queso semiduro puede entrar en esa interminable familia internacional.
Este Geheimratskäse se comercializa tanto en piezas pequeñas, tipo los baby
gouda o babybel, o en barra, como mostramos en la fotografía, pero siempre
resulta un queso sin carácter.
¿Recuerdan ustedes cuando reprochaba esto mismo a esos nuevos quesos asturianos,
que con sugerentes y equívocos nombres de montaña, se fabrican en polígonos
industriales de Oviedo? Bueno, pues ya me entienden. Eso sí, es muy higiénico,
sobre todo cuando viene envuelto en parafina, y no con hongos, como los que yo
me sé.
Klosterkäse
Ya con ver la forma de este queso
podemos suponer que se encuentra en esa gran familia de la pasta blanda, y
siendo alemán, en la subclase de los insípidos, porque si bien el Romadour o el
Limburgo, dentro de su suavidad, marcan algo de carácter, tanto este Kloster,
como su pariente el Weinkase, no pasan de cubrir el expediente sápido.
Una vez más estamos ante un queso correcto, aún más, se podría decir que
impecable, pero sin rasgos que sirvan para distinguirlo de entre un gran surtido
de quesos similares.
Viene envuelto en cera de color negro, lo que podría inducir a error, me refiero
a haber tenido una crianza en cenizas como los Aisy y Olivet cendre, pero, en
realidad, su corteza es apenas distinguible del resto de la pasta, como sucede
con sus parientes (Romadour y Limburgo) cuando están frescos.
Al hacerse con leche semidescremada, la grasa aporta poca fuerza, y así el sabor
es dulce, con aromas lácteos, pero de poca intensidad.
En realidad, como más se puede disfrutar de este queso es fundido sobre patatas
asadas, y con variantes en vinagre.
Limbourg
Ya la semana pasada hablamos de este
queso como referencia al Klosterkäse, y en verdad tienen cierto parecido, pero,
eso sí, solo si es alemán.
El auténtico Limbourg, o Limburger, procede de la provincia de Limburgo, en
Bélgica, y se hace con leche entera, lo que provoca un intenso desarrollo
microbiano en su superficie, llegando a adquirir ese característico color rojizo
de los quesos hechos.
Es un queso de sabor fuerte, que en el caso de los alemanes se ve atenuado por
una elaboración más industrial y una curación más corta.
En la foto, aunque no se puede apreciar el color, este es anaranjado, uno de los
pocos curados que se ven por ahí, pero, generalmente, este queso se encuentra en
el mercado mucho más fresco, color marfil, incluso en su corteza, aunque el
sabor siempre es marcadamente fermentado, como el Maroilles, o el ya citado
Romadour.
No funde bien, pero funciona en quiches o en tartas, como la de Obwald.
Rahmkäse
Les sorprenderá ver cómo en la foto
aparecen dos quesos de corteza similar, pero distinta forma, y en ambos casos
muy familiares.
Claro que si les digo los nombres, ya nos les quedará ninguna duda: Rahm brie, y
Rahm cammembert.
Obviamente son quesos que imitan a los franceses Brie y Cammembert, pero sin su
viveza y personalidad, es decir, como los Brie y Cammembert industriales que
encontramos en los supermercados españoles.
En realidad no hay mucho más que decir porque se trata de adaptaciones de una
misma pasta de 55% de materia grasa, que se comercializa estabilizado con
distintas formas, el Rahmkäse en gran tamaño, tipo gouda, y los Rahm brie, y
Rahm cammembert, con sus respectivas formas, tal y como se ve en la foto.
Una vez más decimos lo mismo de los quesos alemanes: impecables, pero sin
personalidad propia, hasta en estos tipos, donde cualquier variación es más que
notable

Tilsiter
Este es uno de los quesos más
famosos de Alemania, y de hecho tiene varios primos extranjeros a quienes han
hecho variar el nombre, como el famoso Havarti danés, el Kreisi finlandés, el
Edda noruego o el Ambrosía sueco. Hasta en Alemania tiene un pariente pobre, el
Tollenser, y lo cierto es que todos vienen a ser iguales.
Excepto el Tisiter suizo, que mantiene su nombre y, sin embargo, no tiene nada
que ver organoléptica ni hasta morfológicamente.
Procede de una antigua ciudad de la Prusia Oriental, obviamente llamada Tilsiter,
y en función de la curación, sus sabores van del ácido cuando es fresco, hasta
llegar a picante cuando se prueba curado.
A España solo suelen llegar los frescos, y así su imagen es de queso de nata,
tipo sandwich, pero con muchos ojos pequeños y, por supuesto, con un sabor muy
especial.
No obstante, no reviste gran interés en una tabla, y es más agradable comerlo
fundido y con algún encurtido.


Weichkäse
Terminamos hoy con el recorrido por
los quesos alemanes, advirtiendo que, obviamente, hay muchos más de los que
hemos reflejado, pero también puntualizando que los más importantes han sido
estudiados, lo cual no ha sido tarea fácil, ya que las cámaras de comercio de
aquel país no han colaborado ni en lo mínimo.
Evidentemente, España no es ni un grano de arena en el vasto mercado germano,
pero un poco de apoyo creo que hubiera sido, cuando menos, una cortesía
obligada.
Con el nombre de Weichkäse se comercializan en Alemania una larga serie de
quesos tipo Brie, es decir, de pasta blanda, fermentados, y con morga, o sea,
esa característica capa blanca externa, formada por mohos, y mantiene una alta
humedad en el interior de las piezas hasta que son partidas.
Es un queso de leche de vaca, casi siempre pasteurizada, con sabores suaves y
agradables, aunque generalmente faltos de una personalidad propia.
La forma más sabrosa de probar este queso es cortado en dados, rebozado en
harina y huevo y luego frito en aceite bien caliente.
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