El oro rojo de la huerta navarra







El Pimiento del Piquillo de Lodosa es uno de los más codiciados frutos de la huerta navarra. Su calidad y su singular sabor le distinguen de otros pimientos, además de contar con una denominación de origen que los ampara y preserva. Considerado el oro rojo de Navarra, en los últimos años se ha convertido en una de las conservas primordiales de la industria de la zona, que abarca los municipios de Andosilla, Azagra, Cárcar, Lerín, Lodosa, Mendavia, San Adrián y Sartaguda.


Sabor a pimiento
Aunque en la actualidad nos pueda parecer casi imposible plantearnos la compra sin incluir en la cesta algún tipo de pimiento, no hace más de 500 años desde que en Europa contamos con este fruto, al que muchos denominan hortaliza. El pimiento es una planta originaria de América Central, por lo que hubo que esperar hasta que Colón descubriera aquellas tierras para conocer este fruto, primero en España y más tarde en el resto del continente. Curiosamente, ya en el siglo XVI las plantas llegaron hasta la India y China, principal productor mundial en la actualidad.

Variedad autóctona
Pero aunque los pimientos llegaron de allende los mares, la variedad de Pimiento de Piquillo de Lodosa pertenece a una variedad botánica singular y autóctona, única dentro de su propio género, que en el término geográfico que lleva su nombre, y en los municipios aledaños, alcanzan su máxima calidad degustativa conformando el territorio amparado por la denominación de origen que lleva su nombre. Si bien a mediados del siglo pasado estos frutos eran conocidos en toda Navarra sólo se plantaban para consumo propio. Sin embargo, a finales de los años 60 la zona comenzó a ser elegida para el veraneo por familias de comunidades limítrofes que consumían los productos de la zona y que fueron divulgando la calidad de los pimientos, incluso llevándose botes para el consumo propio. A partir de esos años, el prestigio de los Pimientos del Piquillo de Lodosa ha ido en progresivo aumento. Los pimientos del piquillo son pequeños, de unos 8 centímetros de largo, y de forma plana y triangular con la punta terminada en pico -de ahí su nombre-. De color rojo vivo, son carnosos, compactos y consistentes y no deben tener mucho grosor. La carne debe ser fina, de textura turgente sin llegar a ser dura. Su sabor: intenso, lleno, un poco dulzón, nada ácido y con recuerdo a asado. En cuanto al envase en el que se contienen, hay que tener en cuenta que deben tener poco líquido, el propio que sueltan los pimientos: casi gelatinoso.

No todo el Pimiento del Piquillo está acogido a la Denominación. Bajo ese nombre se comercializa también pimiento que poco o nada tiene que ver con el producto controlado por el Consejo Regulador. El de Lodosa es de color rojo vivo, carnoso y compacto, delgado y suave al paladar, con recuerdos al asado


 

Cómo se elaboran
La recolección del piquillo se efectúa manualmente y de forma selectiva desde finales de septiembre hasta finales de noviembre. Se realizan dos o tres pases, cada diez o quince días, recogiendo únicamente aquellos que están en óptimas condiciones para la industria. En la fábrica, los pimiento se introducen en una tolva de agua para limpiarlos y quitarles todas las impurezas del campo. Una vez limpios suben por un transportador hasta un horno que alcanza una temperatura de entre 700 y 800 grados centígrados. Un potente ventilador hace que la llama llegue hasta el pimiento para asarlo instantáneamente. Sigue el proceso con el descorazonado para pasar a continuación al pelado y eliminación de semillas. Esta operación deberá efectuarse de forma esmerada y sin sumergirlos ni lavarlos con agua o soluciones químicas. Por último, las bandejas con los pimientos pelados pasan a la sección de envasado donde se seleccionan, clasifican y embotan en recipientes específicos según las distintas categorías comerciales -extra y primera-. Este envasado se hace en seco por lo que el líquido que aparece en el recipiente es el jugo que ha soltado en el pimiento. Esto permite que se mantenga el aroma, la consistencia de la carne, los azucares y grasas naturales, así como su sabor genuino. Todo el proceso de transformación tan sólo tienen el inconveniente de la gran cantidad de mano de obra necesaria para su limpieza, con el consiguiente encarecimiento comercial del producto. Tras este proceso podemos llevar hasta nuestras casas un producto de primera calidad que combina en la cocina con casi todo, aunque la forma más tradicional de elaborarlos sea con aceite y ajos. Para ello, se colocarán los pimientos en una cazuela de barro, sobre aceite de oliva, aún en frío, y se sazonará con sal y ajos cortados en láminas finas. Se dejará hacer poco a poco a fuego moderado y al tiempo se dará la vuelta. Si se quiere que la salsa engorde nada más habrá que mover varias veces la cazuela enérgicamente de delante a atrás para que el pimiento suelte su gelatina natural y ligue la salsa.

Alto valor nutritivo
El componente mayoritario del pimiento está representado por los hidratos de carbono. También tiene proteínas en pequeña cantidad. Esta composición y el elevado contenido en agua hace que el valor calórico del pimiento sea muy bajo. Poseen además una destacable presencia de vitamina C, que supera con creces el de frutas como la naranja. También son una fuente vegetal rica en vitamina A y en minerales como potasio, magnesio, calcio y fósforo.

 

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