La
mayor producción vinícola de la
Denominación de Origen Alicante
se halla concentrada en la Ribera del Vinalopó. De
las diecisiete mil hectáreas de viñedos, el ochenta por ciento
dedica su producción a la variedad Monastrell. El
resto pertenecen a la Forcallat blanca y
Merseguera entre otras. No se puede decir que los vinos
blancos sean clásicos en la zona de Alicante, pero se elaboran desde
siempre a base de uvas de las variedades Merseguera, Verdil
y Airén, plantadas en terrenos generalmente no
aptos para los pies americanos que, tras la filoxera, sirvieron para
hacer revivir el viñedo local.
La
elaboración de estos vinos sigue en la actualidad las normas
generales de todo el país, si bien la composición de las
tierras alicantinas, así como la bondad del clima,
está dando unos resultados excelentes en cuanto a
fragancia y paladar se refiere,
consiguiéndose una exquisitez extraordinaria,
empleándose los métodos más modernos y complejos de autovinificación
que también son de uso general en otros tipos de vinos.
Como
consecuencia del particular clima de la provincia de Alicante, con
muchas horas de sol, en determinados parajes se obtienen vinos de
alta graduación alcohólica (17-18º de alcohol natural) que propicia
un envejecimiento noble, resultando una amplia gama de vinos
generosos. Entre todos ellos destaca el
Fondillón
que requiere desde una vendimia tardía o un asolado
de uvas, hasta una elaboración especial, para
conseguir, con el paso de los años en viejos toneles
de roble, este gran vino generoso, seco o dulce,
muy armónico, oloroso, de color ámbar y riquísimo
al paladar. Estuvo a punto de perderse tras la
Guerra Civil, pero en 1954 se encontró en
Monóvar un tonel con Fondillón perteneciente a
Eleuterio Llorca, padre de la saga de los
Poveda.
Fueron estos tradicionales bodegueros los que empezaron a
recuperarlo con la madre de aquel tonel.
Dentro
de la provincia de Alicante tiene carácter propio la zona de
producción de La Marina, al norte de la provincia,
con un predominio de la variedad Moscatel Romano,
de cuyos mostos se elabora una de las mistelas más
acreditadas de España. La práctica habitual de elaboración es
seleccionar cuidadosamente los racimos más maduros,
se procede al estrujado y el mosto resultante se mezcla
homogeneamente con alcohol de vino especialmente seleccionado,
resultando un exquisito licor que generalmente
contiene 15º de alcohol y 9 de beaumet. Tradicionalmente se ha
elaborado la mistela de uvas Moscatel sobre la base del
mosto fresco exclusivamente. La zona de Teulada
y los pueblos de alrededor están dando unos vinos de moscatel que
adquieren cada vez más fama en los mercados y una
elevada calidad. No obstante, esta variedad no es
demasiado conocida en el resto de España. Históricamente lo fue en
todo el mundo y, en principio, sólo zonas como Burdeos,
Alicante,
Málaga y Jerez eran conocidas
internacionalmente.
Siempre
bajo la necesidad de generalizar, ya que cada vino presenta a la
hora de la degustación matices infinitos, sobre todo al paladar
avezado en estos menesteres, daremos las propiedades
organolépticas de los vinos de Alicante.
Los tintos, según sean de doble pasta
o de pasta simple irán de los 16º a los 12º, su
color es siempre rojo rubí, más o menos oscuro,
secos, y pasando del mucho cuerpo en los primeros
al sabor afrutado en los segundos.
Los claretes son de color rojo abierto,
entre 14º y 11º, secos, de poco cuerpo
y con sabor afrutado y suave,
mientras que los rosados tienen una coloración
rosa pálido, son muy suaves, secos
y afrutados y se mantienen entre los 14º y los 12º. El
Fondillón, que alcanza una graduación entre 18º y 15º,
tiene un color rojo ámbar muy característico, un
aroma añejo poderoso y un sabor que, siendo
generalmente seco, puede alcanzar matices
abocados. Y finalmente el Moscatel, de
sabor característico de la variedad Moscatel Romano.
De gran fragancia y una especial dulzura
que le confiere el alto contenido de azúcares que aporta el
mosto directo sin fermentar, resultando un licor de 15º de
alcohol por 9º de beaumet especialmente armónico.
Los
vinos tintos proceden de unas uvas tipo
Monastrell en su mayor parte, con la adición de
Garnacha y Bobal en algún caso. En ellos
hay que distinguir la elaboración de los doble pasta
que dan unos vinos de gran intensidad de color,
ricos en extracto seco, empleados otrora para el coupage por su
elevada graduación, y que se obtienen adicionando al mosto con toda
su casca otra cantidad igual de la misma, procedente de la
elaboración de los rosados, lo que les proporciona una poderosa
tinción dando origen así a su característico color
rojo intenso. El tinto simple, por
sí mismo, ya resulta un vino de intenso color rojo,
sabor afrutado, seco y
aterciopelado. A estas características añaden los de
doble pasta una mayor intensidad de color
y mucho cuerpo con graduaciones que no descienden
nunca de los 13º y que alcanzan fácilmente los 16º.
La
fermentación de los vinos rosados se produce en
ausencia de la casca, hollejos y demás, por lo que se denomina
virgen, lo que les deja un color muy pálido,
semejante al de las rosas, un rico aroma y sobre
todo un poderoso sabor afrutado que le es
característico a los vinos de lágrima. Existe una curiosa variante:
los vinos de lágrima, que en otros tiempos eran de
esmerada elaboración casera y que criaba el amo de
la viña para su esposa. Se obtenían del mosto que destilaban las
uvas prensadas por su mero peso amontonadas unas
sobre otras, dando nacimiento a un delicioso licor
en suavidad, aroma y sabor. Estas condiciones se han mantenido aún
en los elaborados industrialmente en la actualidad, que comienzan a
abrirse un camino muy importante en el gusto y consumo generales.
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