Ubicada en el sudeste de la península ibérica, la
Denominación de Origen de Jumilla se extiende por un
total de 42.653 hectáreas, distribuidas entre las
provincias de Murcia y Albacete. Aunque algo más de la
mitad de los viñedos se encuentren en ésta última, la
mayoría de las bodegas se disponen en torno al castillo
del siglo XV que domina la villa murciana de Jumilla. Si
vasta es su extensión geográfica, no menos extensa es su
historia vinícola. Desde épocas muy remotas existen
numerosos vestigios que demuestran que los numerosos
pueblos que han ocupado estas tierras a lo largo de la
historia (íberos, griegos, romanos, árabes, etc. )
cultivaron la vid. Más adelante, durante la época
medieval, la actividad vinícola sufrió la recesión que
impregnaba la economía de todo el viejo continente. La
escasez y la producción para consumo propio eran las
notas dominantes.
Es en el siglo XVII cuando se produce el punto de
inflexión, repuntando el cultivo de la vid tras una
larga atonía. En las actas capitulares del archivo de la
catedral de Murcia con fecha de 1667 se hace referencia
por vez primera al pago de un diezmo con vino de la
región. La desamortización de la tierra, que tuvo lugar
durante el siglo XIX, contribuyó de manera notable a
refrendar la mejoría que se venía produciendo. A finales
de ese siglo Jumilla conoce su esplendor. La filoxera
había arrasado ya el viñedo francés y gran parte del
español, con lo que los remozados vinos murcianos (que
habían ganado en calidad) pasaron a mitigar la sed de
muchos europeos. Pero este auge se torna efímero cuando
ya en el siglo XX concurren dos circunstancias negativas
para el viñedo jumillense: por un lado la recuperación
de los viñedos franceses y, por otro, la llegada de la
filoxera a la región. En esta época de crisis nació la
Estación Enológica de Jumilla, más concretamente en
1910, con objeto de investigar nuevas técnicas que
redundasen en mejoras en el cultivo de la vid y la
elaboración de vinos. De sus investigaciones surgieron
los primeros estudios sobre la casta endémica monastrell,
actual abanderada del desarrollo vinícola de toda la
región. A partir de 1950 se producen los primeros pasos
que llevan a la denominación hacia la viticultura
moderna, apostando las cooperativas locales por técnicas
y equipos de calidad y desembocando, en 1966, en la
creación del Consejo Regulador de la Denominación de
Origen Jumilla. Aunque, realmente, el salto definitivo
hacia la calidad no se produce hasta comienzos de los
90, cuando ciertas iniciativas privadas (Carchelo, Casa
Castillo y más tarde Induvasa, Casa de la Ermita o
Bodegas 1890) invierten fuerte en renovación tecnológica
y en experimentación con variedades tanto tradicionales
como foráneas, dando como resultado vinos únicos, muy
mediterráneos y que reflejan, como los mejores, el
terruño del que provienen.
Las cepas se asientan sobre suelos calizos, de
característico color blanquecino, muy sueltos y pobres
en materia orgánica. La superficie se encuentra cubierta
con multitud de guijarros ofreciendo un muy buen drenaje
y permeabilidad. El clima es de tipo continental aunque
algo matizado por la influencia mediterránea. Es decir,
en la región de Jumilla confluyen las características
continentales áridas de la meseta con las más suaves del
litoral mediterráneo. La pluviosidad anual no excede de
los 300 litros por metro cuadrado, recibiendo las viñas
unas 3.000 horas de insolación en el mismo periodo. Este
último dato confiere una gran relevancia a la búsqueda
de orientaciones norte para los viñedos (al contrario
que en otras zonas vinícolas mundiales) con lo que se
intenta proteger a las vides de las altas radiaciones
solares. La altura media en la región oscila entre los
400 y los 800 metros de altura. Muy característico de la
aridez de Jumilla es el rango de variación de las
temperaturas; el mercurio puede descender hasta los 4º
bajo cero en invierno y sobrepasar, sin problemas, los
40º en los tórridos meses estivales. Bajo estas
condiciones tan particulares y difíciles se desarrolla
la variedad autóctona monastrell de una manera óptima,
mostrando sus mejores cualidades de color, aroma y
sabor.
La uva tinta monastrell y el litoral mediterráneo se
encuentran estrechamente unidos desde tiempos
inmemoriales. Esto se debe a la perfecta adaptación de
la casta al entorno en el que se ha desarrollado tan
brillantemente durante siglos. Ya en el siglo XV aparece
mencionada esta variedad de racimo compacto y bayas
menudas de gruesa piel. Con la maceración, la uva
transmite al vino el intenso color de su hollejo (azul
negro) y, gracias a la gran maduración del fruto por la
generosa dosis de sol que recibe, da lugar a vinos
carnosos de alta graduación. La uva mourvèdre, nombre
que recibe la monastrell en Francia, es empleada en el
país vecino generalmente para dar robustez a los vinos.
Por el contrario, en Jumilla, por las particulares
condiciones en las que se desenvuelve, desarrolla todo
su potencial obteniéndose en la actualidad grandes vinos
monovarietales. Sin embargo, ello no impide la
elaboración de interesantes vinos de mezcla. Las uvas
que tradicionalmente complementan a la monastrell en
estos menesteres son las nacionales garnacha y
tempranillo, aunque actualmente también se tiende a
introducir foráneas como la cabernet sauvignon, merlot y
syrah. Los vinos rosados, de notoriedad netamente
inferior, se elaboran también con la casta monastrell,
que puede ser complementada con garnacha y/o
tempranillo. Los blancos, pese a no ser los más
característicos de la zona, presentan unas cualidades
interesantes. Para su elaboración se suelen emplear las
variedades pedro ximénez, malvasía y moscatel de
Alejandría. En otro orden de cosas, la casta monastrell
puede ser igualmente empleada para la elaboración de
vinos rancios dulces, del tipo fondillón. En este caso
la vendimia se retarda en pos de obtener una mayor
maduración de la uva.
La Denominación de Origen Jumilla se mueve
definitivamente hacia la calidad y la innovación. La
última gran apuesta en este sentido es el Monastrell
Selección, elaborado con un mínimo de un 85% de
monastrell, lo que para el Consejo representaría el
súmmum de los tintos de la denominación. Renovadas
instalaciones en las bodegas, desarrollo de clones
varietales en la región, aceptación de variedades
foráneas por el Consejo Regulador, etc. permiten mirar
al futuro con optimismo. Jumilla se ha subido al tren de
la excelencia y del progreso constante en el que
comparte viaje con las mejores regiones elaboradoras
ibéricas. |
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