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montilla moriles
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Desde los tiempos más remotos, se ha utilizado el
nombre de la zona de producción para identificar y calificar el vino.
Egipcios, griegos y romanos han dejado buena prueba de ello: fueron
famosos los caldos de Chipre, de Falerno, de la Bética. En La Iliada
y en La Odisea, Homero (siglo IX a C.), habla de los vinos de
Lemmos, de Samos, de Pédalos, de Itaca. A tiempo que aumentaba el
prestigio aparecía la falsificación. En el siglo XVII se vendían odres
de vino de Lucena que, en realidad, procedían de otra zona vitícola más
o menos lejana. Siempre se persiguió el fraude pero hasta finales del
siglo pasado no se comenzó a legislar para regular el uso de los nombres
geográficos. En 1883 se firmó el Convenio de la Unión en París sobre la
propiedad industrial. Por primera vez se adoptaron acuerdos sobre falsas
indicaciones de procedencia. |
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Vista la importancia que estaban alcanzando
las protecciones geográficas de calidad la Oficina Internacional
de la Viña y el Vino, ya algo tarde, en 1947, aprobó una primera
definición: un vino no puede tener denominación de origen más
que cuando esta esté consagrada por el uso y tenga una
reputación constatada. |
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En el Arreglo de Lisboa (1958) se define
así: Se entiende por denominación de origen, en el sentido
del presente Arreglo, la denominación geográfica de un país, de
una región o de una localidad que sirva para designar un
producto del mismo y cuya calidad o característica se deben
exclusiva o esencialmente al medio geográfico, comprendiendo los
factores naturales y los factores humanos. |
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En la Ley 25/1970, Estatuto de la Viña, del
Vino y de los Alcoholes, aparece de la siguiente forma: A los
efctos de la Ley, se entiende por denominación de origen el
nombre de la región, comarca, lugar o localidad empleado para
designar un producto procedente de la vid, del vino o de los
alcoholes de las respectivas zonas, que tengan cualidades y
caracteres diferenciales debidos principalmente al medio natural
y a su elaboración y crianza. (Art. 79). |
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El nombre de Montilla, como aglutinador y
representante de una comarca productora de néctares singulares,
se fue imponiendo a partir de mediados del siglo XIX. Prueba de
ello es la participación de vinos en concursos internacionales,
elaborados en otras localidades de la denominación de origen
actual, bajo el nombre genérico Montilla.
El de Moriles cobra pujanza a partir de 1912, cuando se cambió
Zapateros, nombre antiguo de la localidad, por el actual. Sin
embargo, sí eran muy conocidos y apreciados sus pagos vitícolas
que, a la postre, quedaron unidos para siempre con el
gentilicio. En realidad, estos terrenos únicos, de
extraordinaria calidad para producir vinos finos, fueron los que
bautizaron el pueblo. |
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La denominación completa, tal cual es hoy,
empezó a sonar a partir de 1891, con motivo de celebrarse el
Arreglo de Madrid, revisado en Washington en 1911 y ratificado
en La Haya en 1925. Pero, es el Estatuto de la Viña y el Vino de
1932 el que ampara legalmente los nombres de estas dos
localidades para que puedan ser usados en exclusiva por los
elaboradores y criadores de los pueblos ubicados en su zona de
producción y crianza. En la Gaceta de Madrid de 6 de Diciembre
de 1932, apareció la Orden que fijaba un plazo de 15 días para
que se constituyera el Consejo Regulador de la Denominación de
Origen Montilla. El 22 del mismo mes y año, la Gaceta daba
instrucciones para que se constituyera el de Moriles. En la
exposición de motivos se recogía, en ambas ocasiones, el interés
que tenían los viticultores y bodegueros de las dos localidades
en que sus vinos estuvieran debidamente amparados por aquella
incipiente legislación que defendía la calidad y pureza de los
caldos españoles más renombrados, |
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La Guerra Civil y algunos problemas
burocráticos retrasaron la fundación del Consejo Regulador que
no se hizo efectiva hasta Diciembre de 1944, aprobándose su
Reglamento en Octubre de 1945. Su primer presidente fue Luis
Merino del Castillo, a la sazón ingeniero jefe de la Jefatura
Agronómica de Córdoba. Vocales: Francisco de Alvear, Conde de la
Cortina; Félix Asensio Navarrete, Antonio Víbora Blancas, Rafael
Cruz Conde, Julián Pérez-Barquero y Luis González Ruiz,.
Secretario: Francisco de Paula Salinas Casana. Sede, la Jefatura
Agronómica, calle Concepción, 12, en Córdoba. |
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El marco de producción de la Denominación de Origen
se extiende por buena parte del sur de la provincia de Córdoba. Los ríos
Genil y Guadajoz limitan sus fronteras oriental y occidental, en tanto
que el Guadalquivir, al norte, y las sierras de la Subbética, al sur,
delimitan su contorno. No todos los terrenos comprendidos dentro de
estos límites se consideran aptos para la producción de uva destinada a
la elaboración de los vinos amparados. El criterio selectivo es claro:
ya se han definido los tipos de suelo idóneos para que la vid dé sus
mejores frutos. El artículo 4º del vigente Reglamento la define así: "La
Zona de Producción de los vinos protegidos por la Denominación de Origen
Montilla-Moriles está constituida por los terrenos que el Consejo
Regulador considere aptos para la producción de uvas de las variedades
que se especifican en el artículo 5º, con la calidad necesaria para ser
destinada a la elaboración de tales vinos, ubicados en los términos
municipales de
Montilla,
Moriles,
Doña Mencía,
Montalbán,
Monturque,
Nueva Carteya y
Puente Genil en su totalidad, y en parte los de
Aguilar de la Frontera,
Baena,
Cabra,
Castro del Río,
Espejo,
Fernán-Núñez,
La Rambla,
Lucena,
Montemayor y
Santaella". |
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Dentro de la Zona de Producción se distingue
la Subzona de Calidad Superior, constituida por terrenos
delimitados y seleccionados por sus especiales cualidades
edafológicas: son los alberos de la Sierra de Montilla y de Los
Moriles Altos.
Las producciones máximas por hectárea quedan fijadas
reglamentariamente en 80 hectolitros en la Zona de Producción y
60 hectolitros en la Subzona de Calidad Superior. |
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Para obtener más información de cada
localidad, pulse en el mapa sobre su ubicación. |
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El suelo es un factor primordial en la calidad de
todos los vinos y, especialmente, en la de los generosos elaborados y
criados en la denominación de origen Montilla-Moriles. De ahí la
histórica clasificación reglamentaria a que nos hemos referido al hablar
de zonas.
Los viticultores, desde los tiempos más remotos, han sabido cuales son
las mejores tierras para obtener vinos singulares, finos, delicados y de
graduación alcohólica natural elevada. Como más adelante veremos, no es
caprichoso el asentamiento de buena parte de los viñedos del sur de la
provincia de Córdoba en terrenos ondulados y de gran blancura, en los
llamados alberos o albarizas. |
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Resumiendo, las albarizas son suelos ricos
en carbonato cálcico, con suelo y subsuelo formados por margas
blandas, pobres en materia orgánica natural, poco fértiles, de
composición mineralógica simple -prácticamente caliza y sílice-,
con estructura hojaldrada o grumosa, con escasa proporción de
cloruros y sulfatos y cuyo subsuelo tiene un alto poder
retentivo de la humedad que oscila alrededor del 30%. |
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La vid no exige suelos ricos.Todo lo contrario,
soporta terrenos marginales, pobres, siempre que sean profundos. Su
pivotante raíz llega a sobrepasar los cuatro metros en búsqueda
constante de agua y nutrientes, lo que le permite vivir en climas
cálidos y secos en los que las lluvias son escasas y en verano, en
ocasiones, inexistentes. Lógicamente , para que la raíz pueda alcanzar
tales profundidades es preciso que el suelo y el subsuelo sean
penetrables. Este último no debe estar compuesto por roca dura, en la
que la raíz encontraría una barrera natural insalvable que le impediría
progresar. Además, especialmente en las regiones meridionales, los
suelos deben ser capaces de retener en el estío, periodo de máxima
actividad de la cepa, buena parte del agua recogida en los meses
lluviosos. Así, la raíz podrá tomar la humedad suficiente para que la
planta, que está soportando temperaturas muy rigurosas, pueda sobrevivir
y logre dar a su fruto el punto ideal de madurez. Los alberos de primera
calidad son capaces de retener hasta el 33% de su peso en agua, humedad
que irán cediendo lentamente a la cepa durante el largo, seco y caluroso
verano cordobés, alejado de las refrescantes marinas brisas costeras.
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Pero tampoco es conveniente para la futura
calidad del vino que las capas más hondas del terreno se
encharquen. La raíz, que necesita respirar y eliminar toxinas,
acusa negativamente el exceso de humedad pudiendo, incluso
llegar a pudrirse. De ahí la conveniencia de plantar en ladera
y, a ser posible, con orientación mediodía o sur. La pendiente
va a permitir un drenaje natural del agua sobrante, además de
aumentar la longevidad del viñedo y mejorar la calidad de la
uva. La correcta orientación conseguirá, además, la mejor sazón
del fruto. |
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Pensar en tierras ideales para obtener vinos de
calidad, especialmente los tradicionales finos cordobeses, supone
localizar terrenos en los que el suelo y el subsuelo sean calizos, en
los que a partir de los setenta centímetros de profundidad el contenido
en carbonato cálcico sea, al menos, del 40% y vaya en aumento al
ahondar, hasta sobrepasar el 50 e, incluso, el 60%, sin olvidar el otro
factor orográfico ya comentado: la ladera.
El suelo de color más o menos blanquecino es, por lo expuesto, suelo de
primera calidad para la vid. En segunda posición se sitúan aquellos de
tonos más oscuros que cubren subsuelos ricos en carbonato de cal. |
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No se olvide que el plano radicular
secundario de la cepa se desarrolla en los primeros setenta
centímetros de profundidad y que la calidad del fruto la genera
la raíz principal que sobrepasa en ocasiones, como ya se ha
comentado, los cuatro metros de fondo. Después de leer estos
párrafos, el lector se encontrará situado en cualquiera de los
pagos integrados en el marco de producción Montilla-Moriles,
especialmente, en los de la Sierra de Montilla, formados en el
Cretáceo, o en los Moriles Altos, procedentes del Oligoceno.
Cabe añadir que los vinos más famosos del mundo, sin excepción,
proceden de terrenos formados en alguno de estos dos periodos
geológicos. |
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Menos adecuados para la consecución de racimos de
primera calidad, aunque muy aptos para la elaboración de otros tipos de
vinos, son los denominados Ruedos. La composición de los
Ruedos va de calizo arcilloso a arcilloso calizo, en función de la
proporción de cada uno de estos dos elementos. La realidad es que dentro
de los pagos clasificados como Ruedos, se pueden encontrar desde
excelentes alberos a tierras francamente arcillosas. Actualmente, se
realizan estudios para integrar todos los terrenos de albarizas de
primera calidad existentes en el marco y considerados como Ruedos,
en las zonas de Calidad Superior de la Denominación de Origen. |
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En el marco de Montilla-Moriles se
encuentran también terrenos con alto contenido en sílice en los
términos municipales de Montemayor y Puente Genil, en los que se
cultiva la variedad Pedro Ximénez. Provoca este mineral una
intensa refracción de la luz que adelanta en varios días la
madurez de la uva con respecto al resto de la zona,
proporcionando mostos, a finales de agosto, con una riqueza en
azúcares de unos 238 gramos por litro. Estas uvas se dedican,
normalmente, a la pasificación para elaborar después el singular
vino dulce denominado Pedro Ximénez |
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La diferencia cualitativa del mosto procedente de
uno u otro suelo es apreciable nada más terminar la vendimia. Tras
varios años de crianza esta desigualdad se hace notoria. Valga la
reiteración: nuestros remotos antecesores sabían donde debía plantar las
cepas para obtener vinos de gran finura y calidad. |
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